El suelo juega un papel clave en el sistema climático global, al actuar como uno de los mayores reservorios de carbono terrestre. La edafología aplicada estudia cómo las prácticas de manejo del suelo influyen en el almacenamiento y liberación de carbono, así como en las emisiones de gases de efecto invernadero como dióxido de carbono, metano y óxido nitroso. La materia orgánica del suelo, su estabilidad y su interacción con la fracción mineral son factores determinantes en estos procesos.
Una gestión adecuada del suelo puede favorecer el secuestro de carbono y contribuir a la mitigación del cambio climático, mientras que prácticas inadecuadas pueden acelerar la pérdida de carbono edáfico. La edafología aplicada permite evaluar el potencial de los suelos como sumideros de carbono, diseñar estrategias de manejo sostenible y aumentar la resiliencia del suelo frente a eventos climáticos extremos como sequías o precipitaciones intensas.
